
Hace varias semanas que llevo trabajando en la revisión de un manuscrito llamado Gauguin’s Matriarchy, un libro en el cual se evalúa la obra Tahitiana del artista simbólico-post-impresionista Paul Gauguin (1848-1903) desde la teoría arte-histórica “Junguiana” (entiéndase del psicoanalista Carl Jung). Un artista excéntrico y sobre todo prolífico, la obra de P.Go (como a veces firmaba) inspiró a grandes artistas como Vincent van Gogh y a Pablo Picasso.
Mientras revisaba Gauguin’s Matriarchy (con páginas que prometen capturar todo el color de su obra), observé con nuevo detenimiento la obra Teha’mana Tiene Muchos Ancestros, pintada por Gauguin en 1893, durante su primer viaje a Tahití, la más céntrica de las islas Polinesias. Observando los trazos de color que en otrora ocasión fuesen vibrantes y completos, se me ocurrió que tal vez fuese posible “restaurar” una obra digitalmente, con el fin de entender cómo pudo haberse visto recién-pintada.1
Como todo, hay críticas a este método. Algunos argumentan que una obra debe verse siempre tal cual; ciertamente, si recordamos la restauración ínfame del Ecce Homo de Zaragoza, podemos apreciar que una restauración total puede resultar desastrosa. Por otra parte, la restauración artística se realiza rutinariamente en museos, preservando tanto el carácter natural presente de la obra como aquel ideado originalmente por el artista. Honrando ese balance, decidí editar la versión disponible de la reproducción fidedigna en Wikimedia Commons (bajo dominio público) para darle un “tune-up” a la imagen, honrando la paleta colorida de Gauguin con lo que existe actualmente en el canvas.
Observando la pintura original, se pueden observar algunos detalles, como por ejemplo, la franja turquesa detrás de la modelo, con áreas donde el color original se ha disipado con el tiempo (fig. A). Si bien no podemos presumir que toda la franja era turquesa, los rastros de pigmento que restan sobre ese plano mantienen el tono medio del turquesa original, por lo cual decidí “recolorear” la franja turquesa y no sutilmente terracota, como parece verse a la derecha de la roja flor (fig. B).
También hice otras restauraciones, todas en Adobe Photoshop. Los glifos que decoran el mural detrás de Teha’mana, la primera pareja Tahitiana del pintor, son caracteres del rongorongo, una escritura simbólica original de la Isla de Pascua (Rapa nui, en polinesio). Aunque se conoce que las tabletas de madera que contienen esta escritura describen hazañas tanto históricas como mitológicas, el significado preciso de los glifos apenas se ha descifrado. No obstante, ya para los 1880s—poco después de descubrirse las tabletas en Rapa nui—el obispo de Tahití, Tepano Jaussen, había logrado descifrar algunos caracteres, que se hicieron disponibles en una fotografía que Gauguin consiguió en la Exhibición Internacional de 1889 celebrada en París.
En Tehamana Tiene Muchos Ancestros, los glifos del rongorongo, de cierta forma, fijan la mirada sobre el cuadro, invitando a la reflexión acerca de Teha’mana y de todos los Tahitianos a quienes ella representa en esta “foto.” Los polinesios se propagaron por todo el Pacífico gracias a su proeza de navegante; este cuadro alude a su extraordinaria historia integrando diferentes elementos de la cultura polinesia en el plano. El rongorongo de Rapa nui aquí parece declamar la historia de los polinesios, mientras que el abanico, de Samoa, alude a una de las islas primeramente pobladas. Las figuras detrás de Teha’mana, parecidas también a los jeroglifos egipcios o a los “friezes” de los templos hindúes javaneses, de cierta forma abordan teorías antropológicas de la era de Gauguin, que debatían el origen de los polinesios: Asia o Sur América?
En cualquier caso, todos estos elementos crean una historia visual que pretende educar a la audiencia sobre el origen de los polinesios, con el fin de crear mayor conciencia acerca de la vasta cultura de esta sociedad que se anexó a Francia en 1880, aunque ya contactada por los ingleses durante el 1767. Por tanto, el traje europeo de Teha’mana enfatiza la colonización francesa de las islas.
El trabajo de restauración concluyó con una mejoría general del contraste y el tono de la pintura, cual ayudó a enfatizar la vivacidad del cuadro. Intencionalmente, dejé algunas áreas sin trabajar, para dejar la obra “lo más natural” posible. Pero, tomando en consideración el estilo artístico de Gauguin, se entiende que los detalles editados lograron capturar la esencia de la visión original. Además de mejorar la estética del cuadro, también se mejora el estudio del simbolismo puesto a que ahora se aprecian algunas relaciones entre los elementos con más claridad. Por ejemplo, la escena detrás de Teha’mana sugiere que hay una cara tipo máscara entre el hombre y la mujer, inspirando consideraciones culturales y psicológicas—algunas discutidas más a profundidad en Gauguin’s Matriarchy por Robmarie López, prontamente a publicarse por Cambridge Scholars Publishing.
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- También hablé sobre esto en https://robmarielopez.com/tehamana-has-many-ancestors-by-paul-gauguin-a-digital-restoration/ ↩︎


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